Las temperaturas que descienden obligan a buscar refugios más cálidos, y en el norte argentino esos destinos están agrupados en una carta de opciones. Jujuy es una de esas provincias que sorprenden al imaginario colectivo, rompiendo con la idea de aridez. Las fuentes y aguas termales, insertas en el paisaje verde, rebosan en un poblado a pocos kilómetros de la capital.

El tiempo en Jujuy: fin de semana largo con tormentas y un solo día sin precipitaciones

Jujuy también tiene yungas y su formación natural no sólo da lugar a un escenario delicioso a la vista, sino también a un paraje disfrutable durante las épocas más frías. La atracción está en San Francisco, una aldea a unos 160 kilómetros de San Salvador de Jujuy y elevada a 1475 metros sobre el nivel del mar, donde es posible desconectarse y disfrutar de la montaña verde y la tranquilidad de la naturaleza.

El encanto de San Francisco en Jujuy

San Francisco es un pequeño caserío de unos 800 habitantes que resalta por sus contados atractivos pero muy pintorescos. Algunos hospedajes y casas de familia vueltas hostales, un par de lugares para comer, una iglesia, calles de tierra en pendientes y por supuestos panorámicos de selva laberínticos y espectaculares.

Allí se encuentra la Fuente del Jaguar, uno de los puntos más buscados de Jujuy. Las piletas de un color verde esmeralda invitan a darse un baño en medio de la selva tras una caminata entre piedras y vegetación. Llegar es toda una aventura: las cuerdas de seguridad sirven de baranda para poder atravesar el camino mientras se aprecian los cañones con estalactitas en todo el recorrido.

Aventura y termas en el corazón de las yungas

Las Termas del Río Jordán son la atracción por excelencia. El recorrido exige de preparación física y de la contratación obligatoria de un guía baqueano. La gestión del permiso y la organización del trekking deben realizarse a través de la oficina de turismo local, ubicada en el centro del pueblo.

El sendero que conduce a las termas parte de la Ruta Provincial 83. Son siete kilómetros en total: los primeros tres se transitan en terreno llano, mientras que los últimos cuatro implican un descenso más exigente, en medio de la vegetación húmeda y exuberante de la selva. El esfuerzo encuentra su recompensa al llegar a los estanques naturales, donde el agua brota a una temperatura constante de 30 grados. El baño termal, rodeado de vegetación y silencio, es una invitación a desconectarse del mundo exterior.

En el camino, es posible observar tucanes, mulitas, tapires e incluso monos caí. No hay baños ni servicios durante el recorrido, aunque a pocos kilómetros del inicio puede encontrarse un pequeño puesto de bebidas y frutas.